
Recientemente hemos estado escuchando sobre las historias de Yaguara y Shiva, dos jaguaras (Panthera onca) rescatadas y que representan algunos de los desafíos que actualmente enfrenta esta especie emblemática de nuestra América.
Shiva, una jaguara de siete meses de vida, recibió más de 90 perdigones de escopeta a lo largo de su cuerpo, muy probablemente los responsables tenían la intención de venderla y traficarla. Los disparos la dejaron con heridas graves en una pata, la mandíbula y una infección ósea. Shiva se hizo tristemente famosa por su imposibilidad de trasladarse a La Paz para poder recibir atención veterinaria especializada debido a los bloqueos y la escasez de combustible que golpearon al país durante muchas semanas. Fue la ciudadanía, quien colaboró con Senda Verde para poder trasladarla a principios de junio cuando por fin pudieron hacerle los estudios necesarios.
Por otra parte, Yaguara fue víctima de los incendios que los humanos causaron en el 2024 en Santa Cruz. Se la encontró apenas con 8 meses de vida y fue trasladada a la Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY), donde la cuidaron durante dos años. Hace poco, Yaguara se convirtió en la primera jaguar en Bolivia que ha sido reinsertada en su hogar: la selva.
Bolivia está entre los países con más incendios forestales en el mundo, y eso, sin duda, es una sentencia para el jaguar. Aunque parezca, esto no es una exageración ya que el 80% de su hábitat en el país ha desaparecido en las últimas décadas. Cada año, el jaguar pierde los corredores biológicos críticos para conectar a su población entre los territorios de Bolivia con sus vecinos. Y en el incendio ocurrido en territorio amazónico durante el 2023 y 2024, se sabe que, al menos 12 jaguares murieron por asfixia debido a los incendios forestales.
Al leer estas noticias yo me pregunto: ¿Cuándo construiremos un país en el que dejemos de jactarnos de ser megadiverso en fauna y guardián de culturas ancestrales que veneran la naturaleza mientras que la deforestación, el tráfico ilegal, los conflictos humano-fauna, y las políticas insuficientes revelan la desconexión entre discurso y realidad? ¿Estamos condenados a ser testigos de la evaporación de nuestro futuro?
El jaguar es el felino más grande del continente, la joya del turismo, el personaje mítico de leyendas indígenas y el guardián de la naturaleza. Y, sin embargo, no sólo no los protegemos, sino que hay quienes los torturan, los quemamos en los incendios forestales, los dejan sin su hábitat natural y luego nos quejamos. Es momento de dejar de romantizar nuestra identidad y relación con la naturaleza, la realidad es que nos comportamos como una comunidad depredadora que, además, le robamos el futuro a nuestros propios descendientes. No hay Pachamama que se salve cuando la codicia reina.
El jaguar necesita bosques, leyes que se cumplan, y un país que entienda que su supervivencia no es solo un tema ambiental, sino un termómetro de nuestra propia humanidad. Yaguara y Shiva no son casos aislados, son la cara de un país que, si no actúa ya, pronto solo tendrá jaguares de plástico, pintados en paredes o en billetes sin valor.
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Sobre el autor
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Ana Carola Terrazas
El amor por la naturaleza, desarrollado desde la adolescencia, ha sido la estrella que ha guiado su recorrido de vida y profesional. Esta claridad y compromiso la llevaron a Canadá donde estudió Geografía, Desarrollo Internacional, y Gestión de Desastres y Emergencias. Luego de trabajar para las agencias de las Naciones Unidas, y la Cruz Roja en contexto post-desastre y en esfuerzos de reducción de riesgos, Ana Carola quedó sorprendida por la manera sistemática en la cual los animales no humanos estaban excluidos de los programas humanitarios y de desarrollo. A raíz de estas experiencias, conjunto a su profunda empatía, y a su creencia en que todas las personas tenemos la capacidad de ser agentes de cambio positivo para el planeta; Ana Carola decidió crear conciencia, inspirar acción y educar en pro del bienestar animal a través de su iniciativa Inclusión Animal en Desastres LatAm donde trabaja para reducir el sufrimiento de los animales.



