
No mide más que unos centímetros, pero logró lo impensado: movilizar a cientos de miles de personas y poner a Bolivia en la conversación global sobre conservación. El Escarabajo tigre chiquitano, (Pometon bolivianus) una especie casi desconocida y en peligro crítico, ganó el Uproar Conservation Challenge y, con ello, abrió una ventana inédita para visibilizar la riqueza —y la fragilidad— del Bosque Seco Chiquitano.
Para Luzmila Arroyo Padilla, directora del Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado, impulsora, junto a oros profesionales, de este logro, este premio mundial es una señal poderosa de que la ciudadanía puede convertirse en protagonista de la conservación. En esta entrevista con Revista Nómadas, reflexiona sobre el impacto del premio, las amenazas urgentes que enfrenta el ecosistema y el desafío de convertir este impulso en acciones sostenidas para proteger la vida que aún resiste en el bosque.

¿Qué significa para el museo y para Bolivia que el escarabajo tigre chiquitano (Pometon bolivianus) haya ganado el Uproar Conservation Challenge?
Más que un premio, este triunfo representa un motivo de orgullo para todo el país. Para el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado de la carrera de Biología de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, es la confirmación de que su trabajo científico tiene impacto real a nivel internacional. Y para Bolivia, es una oportunidad para mostrarse al mundo como un país con una biodiversidad valiosa y única. Lo más importante es que un pequeño escarabajo logró unir a miles de personas en torno a una causa común: proteger la vida.
¿Cómo nació la idea de postular a esta especie y qué criterios científicos y simbólicos pesaron en su elección?
La elección no fue casual. Este escarabajo es endémico de Bolivia y está en peligro crítico, vive en un ecosistema muy frágil, el Bosque Seco Chiquitano, lo que lo convierte en una especie clave para entender y proteger ese entorno. Además, tiene un valor simbólico muy fuerte: representa a todas esas especies poco conocidas que también necesitan ser protegidas. Es una forma de decir que no solo importan los animales famosos, sino toda forma de vida.
La campaña logró movilizar a miles de personas, ¿qué lecciones deja este proceso sobre el poder de la participación ciudadana en la conservación?
Nos deja una gran lección: cuando la gente se une, puede lograr cosas enormes. Miles de votos, publicaciones y mensajes demostraron que la conservación no es solo tarea de científicos, sino de todos. La ciudadanía tuvo un papel fundamental, y eso demuestra que la conciencia ambiental está creciendo en Bolivia.

Más allá del reconocimiento, ¿qué beneficios concretos traerá este premio para la investigación y protección del Bosque Seco Chiquitano?
Este premio no es solo simbólico, también ayudará de forma concreta. Permitirá identificar zonas importantes para proteger, trabajar con niños y jóvenes para educarlos sobre su biodiversidad, y fomentar el turismo científico. En otras palabras, se abre una oportunidad para cuidar el bosque y al mismo tiempo generar desarrollo sostenible.
¿Qué amenazas enfrenta actualmente el escarabajo tigre chiquitano y su hábitat, y qué acciones urgentes se deberían tomar?
El escarabajo, como muchas especies, está en riesgo principalmente por los incendios y la deforestación. Su hogar está siendo afectado, y eso pone en peligro su supervivencia. Por eso, es urgente tomar medidas como proteger áreas clave, educar a la población y apostar por alternativas sostenibles.
¿Cree que este logro puede marcar un antes y un después en la forma en que Bolivia valora y protege su biodiversidad?
Definitivamente SÍ. Este triunfo ha hecho que muchas personas conozcan y valoren una especie que antes era prácticamente desconocida. Ha despertado un sentido de orgullo y pertenencia, y puede marcar un antes y un después en cómo cuidamos nuestros recursos naturales.
Después de este triunfo, ¿cuáles son los próximos pasos del museo para seguir posicionando especies bolivianas en la agenda global de conservación?
Este logro no es el final, es el comienzo. El Museo y todos los que participaron tienen ahora el desafío de seguir trabajando por la conservación, educar a más personas y posicionar otras especies bolivianas en el mundo. La idea es seguir caminando juntos, porque la protección de la biodiversidad es una tarea que recién empieza.
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Sobre el autor
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Roberto Navia
Desde hace más de dos décadas transita por el mundo para intentar elevar a los anónimos del planeta al foco de lo visible. Sus crónicas emblemáticas: Tribus de la inquisición y Los Colmillos de la Mafia le han permitido ganar dos veces el Premio Rey de España (2014 y 2017); Esclavos Made in Bolivia, el premio Ortega y Gasset (2007); el documental Tribus de la Inquisición, la nominación a los Premios Goya (2018), Flechas contra el Asfalto y Los Piratas de la Madera desangran el Amboró, dos veces ganadores del Premio de Conservación Internacional, entre otros galardones nacionales e internacionales. Es docente universitario de postgrado, la cabeza de la Secretaría de Libertad de Expresión de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz, miembro del Tribunal de Ética de la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia y de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).



